Lo formal y lo informal del trabajo.


En los últimos días hemos sido testigos del enfrentamiento entre los representantes del cabildo y un sector de los llamados trabajadores informales.

Alguien dijo que si no  se  conoce la historia se corre el peligro de repetirse. Amigos pues tenemos ese riesgo ahora mismo. Sin querer ser repetitivo pues del tema se ha hablado mucho en estos días les ruego me permitan unas pequeñas pinceladas de antaño. Por tomar un ejemplo recordemos lo que significaba el mercado de Pedro Pablo Gómez. Viniendo del sur del lado izquierdo de la avenida Quito encontrábamos el mercado de legumbres, frutas, pescado, productos de la cocina ecuatoriana todo sumergido en medio del fango y un verdadero caos. Vendedores sin control sanitario, tributario, ni pesos; expedían sus productos donde acudían personas de nivel popular, medio  y algún llamado ahora pelucón folklórico asistía para contemplar con mirada  antropológica cómo se veía el mundo desde allí.

Del lado derecho asistíamos a la venta de todo tipo de objetos nuevos, viejos, de museos, robados sin control tampoco de ningún tipo. Unas cuadras más allá mujeres con altas dosis de pintura ofrecían la venta de mercancías milenarias.

Esa imagen para la ciudad era prehistórica. Una ciudad que se respete a sí misma debe en honor y derecho de sus habitantes luchar y trabajar por el orden, la limpieza, la salubridad pata todos sus habitantes. Lo que se ha logrado en más de 10 años de luchar contra el desorden y las malas costumbres hay que preservarlo a toda costa.

El trabajo de una población con altos índices de desempleo, subempleo  y limitadas posibilidades de crecimiento económico es algo que debemos considerar sagrado. La confiscación de las mercancías sin devolución o el posible maltrato de algún funcionario muy al margen de las políticas trazadas por el cabildo debe ser objeto de atención, preocupación y solución inmediata por los funcionarios correspondientes.

Es criminal, sin embargo que personas con el ánimo de posiciones arribistas de carácter político estimule y promueva que las personas que venden sus mercancías en la calle pretendan convertir eso en un derecho a costas del orden de los demás. Benito Juárez el ilustre mexicano Benemérito de Las Américas decía: “El respeto al derecho ajeno es la paz”  Por eso es necesario invitar a las personas informales  pero dentro de las cuales hay ciudadanos necesitados y de seguro conductualmente muy formales que traten de vincularse a los lugares habilitados para expedir sus productos que no es precisamente la vereda, ni las calles céntricas.

Los señores que están abusando de la necesidad de los vendedores para impulsarlos a la ilegalidad y la violencia hay que advertirles que ese camino es sumamente peligroso para todos. No es promoviendo la violencia que avanzaremos como civilización . El país tiene muchos problemas que resolver para alentar a temas que ya estaban encaminados.

Seamos sinceros con nosotros mismos y reconozcamos sin hipocresía que ser limpios, ordenados y sanos conlleva un sacrificio colectivo al cual todos tenemos que aportar y disfrutar con sus beneficios. Desgraciadamente hay personas que solo ven por sus propios intereses sin pensar en los demás. Estas personas no marcan paso hacia el desarrollo.

El trabajo es un derecho, una necesidad y una acción humana que en gran medida nos ha hecho gigantes y dueños de nuestro destino pero vivimos en sociedad y ésta tiene sus exigencias y reglas. No olvidemos eso nunca.

Editorial Radio Sucre, lunes 16 de junio del 2008

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s