Fútbol, regionalismo y algo más.


Estimados radioyentes: el miércoles cuando  el último penalti del equipo Fulmínense fue magistralmente rechazado por el Pancho Cevallos “las Manos del  Ecuador” vi a algunos jóvenes llorar y pensé que era la emoción por la victoria del equipo ecuatoriano y quiero subrayar ecuatoriano.  Al otro día saludé con un amigo y al preguntarle por el resultado del partido me respondió con un exabrupto.

Estos actos me provocaron algunas reflexiones:   ¿qué necesitamos para convertirnos en una nación? ¿Algún desastre natural que amenace arrasar con todo? ¿Una convulsión social estremecedora? ¿Una dictadura hitleriana?

La Europa civilizada, modelo, culta y desarrollada acaba de dar una bofetada al sur pobre, subdesarrollado y necesitado. En Murcia zona de trabajo de muchos compatriotas la guardia civil realizó redadas contra obreros, mujeres y niños la semana pasada buscando ilegales. Esto, a pesar de que España tiene la actitud más tolerante  de la unión respecto al tema.

Europa no puede estar sin inmigrantes por dos razones tan pesadas como un pedazo de plomo: primero porque su población no crece en la cantidad suficiente para proveer la fuerza de trabajo y segundo porque el desarrollo los ha llevado a considerar algunos empleos como no apropiados aunque tengan igual personas incultas y antisociales como ese joven que vio el país entero pateando la cara de una compatriota.

Mis queridos radioyentes: parece que hablo de temas paralelos sin conexión pero no es así. ¿Hay diferencia entre esa actitud de Europa y la de algunas personas de nuestro país que sienten resquemores, desprecio, suspicacias y hasta odios por personas de otras regiones?

Hombre es más que blanco, es más que mulato, es más que negro. Dígase hombre y ya se han dicho todos los derechos escribió José Martí.

¿Qué importa de dónde sean los deportistas, a qué  región  de la patria pertenezcan si dan gloria al país? ¿Es que Jefferson Pérez es sólo de Cuenca? ¿no disfrutamos cuando sólo y sin casi ser reconocido cruzó la meta en Atlanta en 1996 y nos dio la primera medalla olímpica en nuestra historia.?

¿por qué  la victoria de Liga Universitaria no puede ser el orgullo y el disfrute de todos los ecuatorianos? Sólo nuestras miserias humanas lo puede impedir. Tengo un amigo extranjero que ni siquiera le gusta el fútbol y saltó, brincó y se emocionó con el triunfo de Liga siendo el segundo partido que veía de este equipo. El primero fue el que se jugó en Quito.

Podríamos tener el mejor gobierno del mundo, las mejores instituciones, las mejores empresas pero si no luchamos por terminar de convertirnos en una nación no hay economía, ni política, ni cultura que funcione. Los hombres tienen que ser juzgados por lo que son no por su color o por donde nacieron.

El día que las victorias costeñas sean del país, que los logros de la sierra sean disfrutados en el resto, que las penas de la amazonía y sus logros nos llenen de alegría, que el cuidado de Galápagos nos preocupe y ocupe, ese día estaremos en el último trecho de convertirnos en nación. Tenemos bandera, tenemos himno y tenemos escudo pero a veces damos la impresión de ser varios países en uno.

Parodiando a Ernest Hemingway el célebre escritor norteamericano  digamos adiós a las armas de la división y las miserias humanas y miremos al hombre ecuatoriano  como lo que es en su esencia.

Editorial Radio Sucre, lunes 07 de julio del 2008

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Una respuesta a “Fútbol, regionalismo y algo más.

  1. La reflexión sobre los problemas de fondo con respecto a nuestra identidad Latinoamericana parece hundirse en manos de ideas trasnochadas o bajo las fuerzas de un capitalismo avasallador. Qué bueno que en nuestros países pudiesemos motivar una verdadera refelxión por los procesos de integración, no sólo interna, sino regional. Qué bueno que pudiesemos encontrar los elementos de cohesión verdaderamente sólidos para la construcción de naciones en verdadero desarrollo y de una región que responda verdaderamente a su vocación de continente de la esperanza. Aplaudo su articulo. La excusa del fútbol no deja de ser un lugar común; pero aun así tiene razón y su razonamiento llama a reflexiones.

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