Uno para todos y todos contra uno


De esas lecturas de la infancia recuerdo con agrado “Los Tres Mosqueteros” del célebre escritor francés Alejandro Dumas. Ellos y D´Artagnan constituían un equipo que ha pasado a la historia como modelo de unidad, arrojo y valentía frente al peligro. Esa obra literaria llevada al cine en múltiples ocasiones es para todos los tiempos.

Cuando vemos el panorama electoral en las vísperas de las elecciones nos da la impresión de estar contemplando una versión moderna a la criolla politizada de la famosa obra de Dumas padre.

Una gran parte de los postulantes a las diferentes candidaturas a la presidencia, alcaldía, asambleístas nacionales y demás dignidades de elección popular basan su estrategia de campaña en la crítica al presidente y candidato Rafael Correa. Hay que reconocer que se ha echado mucha leña al fuego y que cuando se siembran vientos se recogen tempestades. La clase de alto nivel económico sobre todo de Guayaquil ha sido constantemente atacada, los periodistas críticos del régimen, varios medios de comunicación, los banqueros, los miembros de las fuerzas armadas y la policía han recibido fuertes críticas y sobre todo se han visto afectados en sus ingresos adicionales una vez jubilados, un cierto sector de los maestros y profesores, los jubilados, los taxis ejecutivos, las instituciones universitarias y sectores de estudiantes, por mencionar algunos fueron afectados de algún modo.

En algunos de los sectores mencionados lo peor no es sólo la incidencia financiera sino el modo de confrontación empleado que, al parecer, para los asesores de imagen presidenciales es un recurso de captación de simpatías de la población humilde. Creo que, no obstante, estamos comenzando una etapa de regresión en los niveles de aceptación y un cierto cansancio en la repetición del sistema, al menos, en Guayas. Es cierto que todos contra uno tiene sus réditos para los aspirantes pero debilita también los planes de campaña, los programas para resolver los grandes problemas del país y locales convirtiéndose en ciertos espacios boxísticos verbales de escasos resultados prácticos para la población.

Otro factor que comienza a influir negativamente es el económico pues la crisis toca a las puertas de muchos negocios y los trabajadores y empleados reciben en última instancia el golpe final. Este elemento puede influir en cierto modo fortaleciendo las posiciones de “todos contra uno”.

Hay frases que son dichas en una circunstancia emotiva pero que provocan repercusiones políticas negativas. La expresión de que ante una Asamblea contraria se realizaría la disolución y convocatoria a nuevas elecciones produce una sensación de querer tener el control del poder absoluto aunque quizás esa no fue la intención. Esto refuerza los argumentos de los sectores opuestos de que la toma de todo el poder es una estrategia definida aunque no divulgada como tal.

En el caso de una segunda vuelta, el todos contra uno será una estrategia casi segura para llegar al poder. Habrá que ceder, en lo cual no hay mucha tradición política pero las circunstancias actuales pueden provocar un acercamiento coyuntural entre los partidos y movimientos con propuestas diferentes al gobierno. Sólo en ese caso tendrán alguna posibilidad.

El movimiento político en el gobierno no muestra intenciones de variar su forma de hacer política y la proclama del Socialismo del Siglo XXI con sus objetivos de poca definición práctica y débil proyección en las mentes de las personas no atraerá mucho público. Sus países referentes con mejoras en servicios educativos, de salud y de protección del estado no han podido mostrar grandes avances en lo económico y por tanto no constituyen una brújula ni una aspiración de la mayoría de la ciudadanía. Se aprecia de forma interesante en cómo a pesar de la xenofobia, incluso asesinatos de compatriotas, muchas personas siguen emigrando a Estados Unidos o Europa y no van a ningún país socialista. Este es un indicador interesante porque si fuera un paradigma la gente acudiría a vivir en el lugar que considera mejor para radicarse. Estos son hechos.

El país necesita unidad para enfrentar los graves problemas, está compuesto por distintos sectores económicos o sociales y cualquier programa de gobierno para avanzar debe hacerlos partícipes de los objetivos trazados. El país necesita paz y prudencia. De la inteligencia política aplicada dependerá su logro o de lo contrario tendremos convulsiones sociales altamente peligrosas.

Ciertamente nos urge uno para todos.

Editorial Desde mi Trinchera, 27 abril 2009

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